Mayo de 2005 | Boletín #16

El Agente de Aduanas

Durante largo tiempo, el ámbito aduanero venezolano utilizó el vocablo comisionista para referirse a la persona natural o jurídica encargada de realizar trámites de diverso tipo ante las oficinas aduaneras. Pero, aun más, muchos importadores hacían aparecer a esta persona como consignatario aceptante de los cargamentos, con lo cual se generaban múltiples problemas para el ejercicio del debido control aduanero.

Con el claro objeto de eliminar las anomalías producidas por esta vieja práctica y de adecuar la terminología al verdadero carácter de esta especial figura de intermediación en los asuntos aduaneros, la Ley Orgánica de Aduanas crea la figura del agente de aduanas y la define, establece los requisitos para su constitución y las sanciones que se le pudieran imponer por incumplimiento de sus obligaciones.

Siempre a nombre y en representación de otra persona, el agente de aduanas puede aceptar la consignación de mercancías, declarar los efectos de exportación y efectuar los diversos trámites, solicitudes y procedimientos relacionados con las operaciones aduaneras para las cuales estuviera autorizado; como es obvio, podrá también dirigir instancias o peticiones a las autoridades administrativas, a tenor de lo dispuesto en los artículos 2°, 25 y siguientes de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos.

La Ley define al agente de aduanas como la persona autorizada por el Ministerio de Hacienda para actuar ante las autoridades competentes a nombre y por cuenta de aquél que contrata sus servicios, en cumplimiento de un trámite, solicitud o procedimiento relacionado con una actividad aduanera. De esta definición se desprende lo siguiente: que el agente de aduanas puede actuar ante cualquier autoridad nacional, pero no ante las estadales ni municipales; ello es comprensible, dado que los asuntos aduaneros de la República son competencia del Poder Nacional y, por ende, vedados a los estados y municipios.

El agente de aduanas no puede actuar a nombre propio y, en consecuencia, no podrá en su propio nombre aceptar la consignación, ni declarar los efectos de exportación, ni realizar trámites relacionados con las operaciones aduaneras. Esta disposición de actuar a nombre de cualquier interesado y no en el propio niega toda posibilidad de que la relación que se forma entre el agente y su representado constituya un contrato de comisión, pues a decir del artículo 376 del Código de Comercio, el comisionista ejerce actos de comercio en su propio nombre por cuenta de un comitente. No es tampoco un mandato mercantil, pues ha sostenido reiteradamente la jurisprudencia que para que el mandato sea comercial se requiere que éste haya sido concebido para la realización de un acto esencialmente mercantil, esto es, para que se represente al mandante en uno de los actos objetivos o subjetivos de comercio estipulados en los artículos 2° y 3° del Código de Comercio. Además, cabe resaltar, aun cuando parezca obvio, que los actos que realiza el agente aduanas ante la oficina aduanera no son de comercio, ni la Nación comerciante.

El Código Civil establece que el mandato es un contrato por el cual una persona se obliga gratuitamente, o mediante salario, a ejecutar uno más negocios por cuenta de otra, que la ha encargado de ello. Es a esta figura y no a la mercantil, a la que se adecua el vínculo que se crea entre el agente de aduanas y su mandante. Por una parte, el agente, en su carácter de mandatario, actúa a nombre y en representación de su mandante, dentro de los límites fijados en el mandato; de allí que al sujeto pasivo de la relación jurídicotributaria que se establece con motivo de la ejecución de operaciones aduaneras, sea el consignatario aceptante y no su agente, como tampoco es el agente de aduanas el poseedor de los derechos que a favor de ese sujeto pasivo surjan con motivo de las operaciones aduaneras. Cuando el agente de aduanas actúa dentro de los límites del mandato que le ha sido conferido, obliga a su representado, pero no a sí mismo, por lo que en ningún momento queda obligado a pagar derechos ni a satisfacer ninguna obligación que la ley haga pesar sobre los consignatarios aceptantes o sobre los exportadores.

Por cuanto el mandato es un contrato, no es suficiente que el mandante exprese su voluntad de conferir el mandato; es necesario que, expresa o tácitamente, el mandatario acepte el mandato que le ha sido conferido. La manera citada en último término se dará, por ejemplo, si el agente se presenta ante la aduana y deposita el documento y si actúa de cualquier otra forma que haga entender, sin lugar a dudas, su aceptación de ejecutar los asuntos encomendados.

El mandato civil es gratuito por su naturaleza, aunque admite convención en contrario, a diferencia del mercantil que es asalariado. Por lo tanto, para que el mandante quede sujeto al pago de los servicios prestados por el agente de aduanas, ello debe quedar expresamente convenido entre las partes; caso contrario, se entenderán realizados a título gratuito.

El poder del agente de aduanas debe constar en forma auténtica, salvo las excepciones establecidas por la legislación y que deberán ser ponderadas, en cada caso, por el jefe de la aduana respectiva. Con esta exigencia, el Estado evita una serie de problemas de orden jurídico que pudieran presentarse si admitiera documentos privados, los cuales consumirían una cuantiosa energía administrativa utilizable en asuntos de mayor provecho. Por lo demás, este requerimiento es comprensible desde el punto de vista práctico, si tomamos en cuenta los altos valores que suelen tener las mercancías objeto de operaciones aduaneras y la obligación del ente público de tratar con la persona realmente autorizada para ello y entregar los efectos a su propietario legal por intermedio de su legítimo representante.

Con motivo del mandato que el usuario del servicio aduanero confiere al agente de aduanas, surge una tupida red de obligaciones y derechos mutuos. Por su parte, el agente de aduanas no puede exceder los límites fijados en el mandato y deberá ejecutarlo con la diligencia de un buen padre de familia. Por ello, si la autorización es para actuar en determinadas operaciones o actividades, o ante determinados oficinas aduaneras, no podrá actuar en operaciones o ante unidades administrativas distintas a las señaladas; en todos los casos deberá actuar en nombre del usuario (mandante), pues caso contrario queda obligado directamente y personalmente por su gestión; el agente de aduanas es responsable por dolo y culpa en la ejecución del mandato y debe dar cuenta al mandante de sus operaciones y entregarle los cargamentos cuya tramitación le haya sido encomendada; si por cualquier razón el agente de aduanas se hace sustituir por otro sin estar autorizado para ello, responde de aquél en quien ha sustituido su gestión; pero si existiendo dicha autorización no se le indica la persona del sustituto, responde solamente de la culpa cometida en la elección y en las instrucciones que necesariamente debió comunicar al sustituto.

Por su lado, el consignatario, exportador o representado (mandante), debe cumplir las obligaciones para con el agente de aduanas dentro de los límites del mandato, no quedando obligado por lo hecho fuera de ellos, a menos que haga ratificación expresa o tácita de los actos no autorizados; el mandante debe pagar al agente todos los gastos en que éste haya incurrido para realizar las actividades que le hayan sido encomendadas, aun cuando el asunto encomendado no haya tenido un desenlace satisfactorio; así, por ejemplo, si las mercancías resultan decomisadas en el acto de reconocimiento sin que hubiere culpa imputable al agente, el cliente no puede excusarse de realizar dichos pagos ni exigir la reducción de su monto; de conformidad con lo establecido en el artículo 1.701 del Código Civil, el mandante debe al mandatario los intereses de las cantidades que éste ha avanzado, a contar del día en que se hayan hecho los avances; si el mandante no diere cumplimiento a las obligaciones para con el mandatario, éste podrá retener en garantía las mercancías objeto del mandato, hasta tanto el mandante cumpla con sus obligaciones, sin que ello obste para que este último pueda sustituir dichas mercancías por otros bienes o ejercer los derechos que le confiere el artículo 1.702 del referido Código.

El mandante y el agente de aduanas pueden destruir su vínculo contractual voluntaria o involuntariamente, ya sea por revocación del mandato, obviamente efectuada por el mandante; por renuncia del agente de aduanas a seguir actuando en nombre y representación del cliente; por muerte (caso de personas naturales), interdicción, quiebra o cesión de bienes de ambos o de alguno de los dos; por inhabilitación del mandante o por revocatoria del permiso para actuar como agente de aduanas. No queda a la libre voluntad del consignatario, exportador o de quien realice tránsito aduanero, actuar personalmente ante la oficina respectiva o mediante representante. La ley Orgánica de Aduanas establece de forma expresa que en todos los casos, salvo las excepciones establecidas por vía reglamentaria, la aceptación de la consignación, la declaración de los efectos de exportación y el cumplimiento de los diversos trámites relacionados con las operaciones aduaneras, deberán ser realizados a través de un agente de aduanas.

Los ciudadanos pueden dirigirse a la Administración por sí o por medio de representante, por mandato del artículo 2° de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, fundamentado en el artículo 67 de la Constitución Nacional. Pero así como la Ley de Abogados establece que para comparecer por otro en juicio, evacuar consultas jurídicas y realizar gestiones inherentes a la abogacía se requiere el título de abogado, la Ley Orgánica de Aduanas consideró pertinente reducir esa amplia facultad de representación, obligando a los particulares a utilizar la intermediación de un agente de aduanas para el cumplimiento de los diversos trámites relacionados con las operaciones aduaneras. Es bueno notar que la restricción comentada procede exclusivamente para la realización de trámites aduaneros relacionados con la importación, exportación y tránsito de mercancías, relación que necesariamente debe entenderse como directa, pues los asuntos indirectamente relacionados con dichas operaciones escapan a las posibilidades técnicas y materiales de un agente de aduanas, son realizadas en buena parte en el exterior y pertenecen más al mundo del comercio que al de la técnica aduanera.

Autor: Carlos Asuaje Sequera

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