Junio de 2005 | Boletín #17

La Gallina de los Huevos de Oro

Nuestro Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT) lleva tiempo poniendo en marcha una campaña de concientización acerca de los deberes de los contribuyentes y las responsabilidades que acarrea el no cumplirlos. Así, nos ha presentado en forma de eslogan oraciones como: “Paga tus impuestos a tiempo”, “Denuncia el Contrabando”, “Contribuye con la economía de tu país”, “Exige tu factura”; además, ha puesto en marcha campañas como el “Plan Evasión Cero”, entre otras, donde se nos enfatiza a cumplir con nuestros deberes. Pero, qué pasa con nuestros derechos? Acaso el Seniat no se ocupa de ellos? Qué pasa con los deberes del propio SENIAT?

Decimos esto porque hemos visto actuaciones y comportamientos por parte de este Organismo que dejan mucho que desear con relación al cumplimiento de “SUS” deberes y el respeto a los derechos de los ciudadanos. Veamos algunos ejemplos que nos ilustran la situación.

El pasado jueves de los corrientes (23-06-2005) se celebraba el Día del Abogado, mas, sin embargo, el Seniat lo empezó a celebrar desde el día miércoles. Ese día en la tarde podíamos ir a “perder nuestro tiempo”, literalmente, a la Gerencia Jurídica Tributaria (ahora Gerencia General de Servicios Jurídicos) porque los funcionarios que ahí laboran se fueron a un acto que se celebraba en conmemoración al día siguiente. Pues, pese a que el acto fue fijado para las 5 p.m., ya a las 3 p.m. no había un funcionario que pudiese mostrar un expediente, recibirte unos recaudos o tan siquiera decirte que el mismo se encontraba en igual estado de espera de decisión, como ocurre con el gran porcentaje de recursos que ahí “reposan”.

Ese día resultó inútil para los contribuyentes ejercer sus derechos constitucionales como: el de la defensa, el del debido proceso, el de obtener una respuesta oportuna, el de la transparencia, eficacia, celeridad, entre otros.

Sin embargo, el día jueves, verdadero día de la celebración, tampoco se pudieron ejercer los derechos y garantías constitucionales, porque se le había dado el día libre a los empleados que fuesen abogados (que en un Gerencia “Jurídica” se podrán imaginar el porcentaje representado por ese gremio profesional). No se hicieron turnos ni guardias para poder atender a los contribuyentes y administrados, pese a que el día anterior ya desde la tarde no se encontraban en sus puestos de trabajo. Esto nos obliga a preguntarnos: será que la Gerencia se encuentra al día con los centenares de miles de expedientes y recursos para tomarse días libres? Será qué si el propio Seniat va a hacer una fiscalización a una empresa esta le puede decir que no se puede realizar porque están celebrando el día de la corporación o de la secretaria?

Esto sin contar algunos comportamientos de ciertas divisiones y gerencias del organismo que sólo atienden al público en las mañanas o determinados días a la semana, como si el contribuyente y administrado le pudiese decir a una visita de fiscalización “hoy no es día de atender al Seniat”. No sería justo y equitativo tener un comportamiento similar? O es que el derecho a ser oído o a presentar peticiones está limitado a ciertos días y horas de la semana?

Otro tanto podemos decir de algunas oficinas aduaneras donde el mal trato y el abuso parecen ser lo normal y lo cotidiano. Por ejemplo, cuando nos dirigimos a una Aduana no tenemos que entrar para saber lo que nos espera: sólo con ver donde vamos a estacionar nuestros vehículos y donde estacionan los funcionarios nos da una idea: los mejores puestos, con sombra, vigilancia y demás aditivos son para los que ahí laboran, olvidándose que ese servicio se debe por y para el usuario, olvidando que las instalaciones de esas aduanas se construyen y remodelan con el dinero de todos y cada uno de nosotros. Para muestra, sólo tenemos que dirigirnos a la Aduana de La Guaira para ver donde estacionan los vehículos los funcionarios (con techo y vigilancia) y donde los estacionan los contribuyentes (adyacentes a un lugar que denominan “el mosquero”: saque el lector las conclusiones pertinentes solo con el nombre del lugar).

Al parecer nuestra administración pública, especialmente el Seniat, aún no se ha dado cuenta que el servicio que presta es para las personas que lo mantienen, que tienen que cuidar a las personas que sustentan su existir para que el día de mañana no les pase como el cuento de la de gallina de los huevo de oro.

El objeto del presente artículo, más que de crítica, es de denuncia, para que nuestro servicio aduanero y tributario funcione como tiene que funcionar: con respeto y vocación al contribuyente y al servicio que presta, siempre apegado a la legalidad y a nuestros postulados constitucionales. Sólo así tendrá la suficiente autoridad moral de exigirnos a todos y cada uno de nosotros el cumplimiento de obligaciones; de lo contrario, sus actuaciones únicamente serán bagatelas ejercidas por el mameluco de turno alejadas de su verdadero fin y propósito.

Autor: Marco Antonio Osorio Uzcátegui

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