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La moderni-zación, a nuestro jui-cio, no con-siste
en sa-turar las ofi-cinas adua-neras de costosos y sofisticados
equipos; no es, ni re-motamente, una electronización de los disparates e ilegalidades que se producen y procesan manualmente en
todas las aduanas del país.
Por ello, antes de implantar el Sidunea, ha
debido hacerse un enjundioso análisis de la realidad aduanera, una
minuciosa detección de los vicios y una precisa identificación de
sus causas; fue y es imprescindible realizar una sin-cera vivisección
del servicio y una comparación, sin tapujos, entre el ser y el deber
ser, entre lo hecho y lo que la ley demanda, entre las ejecutorias
de los funcionarios y sus atribuciones, en fin, entre la aduana que
ha debido ser y la que hicieron.
Ideamos la computarización como la culminación de
un proceso de modernización que debe iniciarse con la necesaria
definición de lo que es un servicio aduanero mo-derno, con el
establecimiento de objetivos claros y concretos, con la realización
de un censo de las necesidades aduaneras del país para reorganizar y
redimensionar el sistema y con la elaboración de un proyecto
dirigido a la preven-ción y represión del ilícito adua-nero.
Si se desea que los proyectos ten-gan éxito, no
deberá descuidarse ni por un momento la ejecución de una política de personal fun-damentada en el mérito y en la se-guridad social. En
resumen, una política dirigida a ganar al hombre para el servicio de
sus conciu-dadanos, sin exigirle a cambio renunciar a la posibilidad
de llevar un nivel de vida decoroso, cónsono con sus
responsabilidades y exi-gencias profesionales.
C.A.S.
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