Octubre de 2005 | Boletín #21

Tránsito Aduanero

El tránsito como operación aduanera se puede definir, en su forma más genérica, como el régimen consistente en trasladar mercancías de una aduana a otra bajo control aduanero; de forma más restringida y quizás más apropiada, es el paso de mercancías extranjeras por un territorio aduanero, provenientes y destinadas al extranjero, efectuado bajo control de las autoridades aduaneras del país donde se verifica el trámite.

Para analizar el tránsito como operación aduanera, debemos hacer previamente una revisión de las premisas que –a nuestro juicio– son indispensables para que una operación se configure:

a) Tráfico internacional de mercancías;

b) Sujeción legal y voluntaria de las mercancías a control aduanero y satisfacción del régimen legal y demás requisitos aduaneros;

c) Pago de impuestos aduaneros, cuando proceda;

d) Carácter permanente de los efectos del pronunciamiento aduanero (despacho a libre práctica, mediante acto administrativo autorizatorio).

Al detallar, sigamos el orden establecido en el enunciado anterior:

a) Por razones constitucionales y/o legales universal y pacíficamente aceptadas, las operaciones aduaneras penden de la realización de tráfico internacional de mercancías, es decir, de la ejecución del traslado de mercancías entre distintos países o territorios aduaneros; sin este traslado, no le es posible a las aduanas intervenir, a menos que sea para impedir la comisión de actos ilícitos, tal como sucede con el cabotaje y con el contrabando de extracción.

b) Las operaciones aduaneras son voluntarias, es decir, nadie está obligado a realizarlas; mas no por ello podemos presumir que ellas se realizan de acuerdo a nuestra voluntad, pues es la ley quien las regula, señala los actos preparatorios del procedimiento administrativo-aduanero y faculta a la Administración para pronunciarse sobre lo solicitado por el particular. En todos los casos, el propietario traslada los cargamentos hasta la aduana de manera voluntaria y solicita la iniciación de un procedimiento que puede terminar concediendo lo solicitado, haciéndolo previa satisfacción de pena pecuniaria o, en peor de los casos, rechazando la petición y decomisando las mercancías.

c) Por disposición constitucional, la movilización interestatal o intermunicipal de mercancías no puede estar sujeta a impuestos ni a restricciones, salvo aquellas inherentes a medidas de sanitarias o similares. Así, el país se presenta como una unidad ante el resto del mundo, con prescindencia de la división político territorial interna; de allí que las aduanas, como muchas veces hemos repetido, constituyan herramientas fundamentales para el ejercicio de la soberanía de los países.

d) El acto administrativo mediante el cual la aduana hace entrega de los efectos al consignatario aceptante o exportador, tiene carácter definitivo, a diferencia de los preparatorios (reconocimiento, liquidación, etc) que se realizan en el desarrollo del procedimiento administrativo-aduanero de que se trate. De esta manera, la Administración emite un pronunciamiento contra el cual se pueden ejercer las impugnaciones administrativas o judiciales autorizadas por la Ley, cuando el administrado considere que sus derechos han sido vulnerados de alguna manera al no concedérsele exactamente lo solicitado. El entréguese, llamado también levante en otras latitudes, produce efectos permanentes al poner los efectos a libre práctica y reponer en su totalidad el disfrute de la propiedad, temporalmente restringido por razones de orden público.

Por otra parte, debemos considerar que no todos los controles y actuaciones de las aduanas constituyen operaciones aduaneras. Es preciso diferenciar –sin dejar lugar a dudas– las unas de las otras, en el entendido que todas son medidas de policía administrativa, limitantes de los derechos de propiedad y libre tránsito garantizados por la Constitución y, por ende, materias de reserva legal o, en otras palabras, que únicamente pueden ser establecidas mediante actos dictados por la Asamblea Nacional como órgano legislador.

Consideramos que la gestión aduanera puede dividirse en tres grandes grupos:

1) De vigilancia;

2) De supervigilancia;

3) De transformación de la nacionalidad de las mercancías.

1) El primero es aquel en el cual el servicio aduanero realiza actividades dirigidas a detectar y sancionar ilícitos aduaneros; son las llamadas fiscalizaciones o procedimientos de control posterior. Su característica más relevante es que los bienes se encuentran en manos de sus propietarios, bien por haber concluido los trámites inherentes a su nacionalización o por no versar sobre ellos operaciones de exportación (caso del reconocimiento en planta) o tránsito.

2) La supervigilancia se ejerce por encontrarse los cargamentos en lugares sometidos a controles aduaneros especiales, como es el caso de los almacenes in bond, almacenes generales de depósito, etc. En este proceso, la aduana limita el uso, usufructo y disposición de los bienes hasta tanto se cumplan determinados requisitos y/o se satisfagan los créditos fiscales, cuando procedieran. Esta limitación se expresa fundamentalmente en la retención temporal de los efectos a objeto de realizar las verificaciones del caso o exigir el cumplimiento de obligaciones preestablecidas.

3) Se transforma la nacionalidad de las mercancías cuando se realiza un procedimiento administrativo a solicitud de parte interesada, dirigido a eliminar limitaciones a la propiedad establecidas en la ley y, consecuencialmente, a provocar un acto administrativo autorizatorio que ponga los efectos en libre práctica, es decir, permita su libre movilización dentro del territorio aduanero o su salida con destino a otros territorios. Durante estos procesos, la aduana aprehende y retiene las mercaderías, revisa las declaraciones, determina el régimen legal, liquida las contribuciones, hace las notificaciones del caso y ordena la salida de la zona primaria con destino al resto del territorio aduanero (importación) o a otros territorios (exportación).

A la luz de las consideraciones precedentes, el tránsito como operación aduanera exige una pronta y profunda revisión, bien para reiterar tal condición si nuevos y mejores puntos de vista lo aconsejan o, por el contrario, para conferirle otra condición más acorde con sus reales características.

Autor: Carlos Asuaje Sequera

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