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La
corrupción ad-ministrativa, por largo tiempo tole-rada por una soci-edad
sumergida en una profunda crisis ética, cada día hace más pa-tentes
los profun-dos perjuicios que produce. No sólo son las ingentes
cantidades de dinero que desapare-cen por sus sumideros, si no tam-bién
el desorden administrativo que produce, al apartar la acción ad-ministrativa
de los fines del Estado, supliéndolos por negocios lucrativos para
satisfacer su insana ambición de riqueza. A pesar de que la histo-ria
se repite una y otra vez, parece que al liderazgo nacional se le
hace difícil entender que los corruptos no tienen color, ideología
ni bandera. Son compañeros de camino de los poderosos de turno;
antes de los a-decos y de los copeyanos, ahora de los emeverristas y
de los pepetistas, mañana de cualquiera que les brin-de la
oportunidad de ganar mucho esforzándose poco. Hábiles para el
mimetismo y la adulancia, guardan en los percheros de su inmoralidad
boinas blancas, verdes, naranjas, rojas y azules, las cuales cambian
al vaivén de los tiempos y de las cir-cunstancias políticas. Quien
crea en ellos y los acepte como aliados, pone en sus venas las
sanguijuelas que le vaciarán la sangre.
Las aduanas son especialmente buscadas por estos asaltantes de
camino. Saben que en ellas se mue-ven grandes cantidades de dinero y
que la discrecionalidad del funciona-riado es amplia; han oído,
entre otras muchas cosas, que entrabar un trámite por varios días
produce cuantiosa pérdida al consignatario, lo cual facilita la
extorsión, siempre amparada por la impunidad.
Los «nuevos reconocimientos» que se instrumentaron para resguardar
la justicia y facilitar la controversia técnica, han perdido su
razón de ser en virtud de solidaridades instantá-neas, versión
moderna de la ley de omertá, que garantiza impunidad sin
sobresaltos.
Cualquier gobierno, sea cual fuese su tinte político o su dirección
ideo-lógica, debe combatir la corrupción, si no por razones legales,
morales y éticas, por entender que los corrup-tos y los adulantes
todo lo dañan; la suma de sus daños pueden ser tan cuantiosa que es
capaz de aniquilarlo todo.
C.A.S.
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