Enero de 2007 | Boletín #36

Los días aciagos

Tres años cumple nuestro Boletín Aduanero. Y digo “nuestro” porque ya no pertenece únicamente a quien lo concibió y puso a andar, es decir, a mi amigo y colega (en ese orden) Carlos Asuaje Sequera, sino a todos los auténticos aduaneros de este país y aun de allende las fronteras patrias. Porque el Boletín, como una mercancía más, también está destinado a la circulación interna y a la exportación, sólo que no obedece a motivaciones comerciales ni se consume o desgasta con su uso sino que, al contrario, su naturaleza seminal lo destina a echar raíces, crecer, florecer, anidar y fructificar. Pertenece también el Boletín a quienes hasta ahora no lo han utilizado para plasmar sus posiciones y puntos de vista: siempre han estado invitados a hacerlo sin convencionalismos ni cortapisas ideológicas o políticas. Pero es preocupante el silencio de tantos y el escaso aporte de muchos.

En estos tres años hemos formulado en el Boletín críticas y comentarios orientados a la comprensión y el progreso de la realidad aduanera nacional, tratando de no ser guiados por sentimientos subalternos ni por intereses personales. Como es natural, no podía escapar de nuestros análisis lo atinente a la gestión pública respectiva, dado el enorme potencial que ésta concentra para lograr un viraje rotundo a lo que sin duda constituye una deficiente realidad y para colocar los sólidos rieles sobre los cuales podrían desplazarse numerosos vagones del tren del desarrollo endógeno. Consterna, sin embargo, verificar que la mayoría de esas críticas y comentarios hayan caído hasta ahora en el vacío (como lo demuestra la notoria y contumaz vigencia de los vicios oportunamente denunciados), aunque de otro lado nos aliente la convicción de haber cumplido con un deber y nos tranquilice la seguridad de que, al desvanecerse la sequía, lo sembrado germinará.

Recordamos, por ejemplo, lo referente al Código Orgánico Aduanero: no obstante haber sido anunciado públicamente por el Código Orgánico Tributario (artículo 335) desde el año 2001, hasta hoy carecemos de dicho trascendental instrumento jurídico y, peor aún, ni siquiera se está trabajando en él, pues las reformas acometidas se han orientado a una nueva Ley o a una modificación de la Ley Orgánica de Aduanas.

Recordamos también lo concerniente al Reglamento que desde 1998 debió establecer el procedimiento y los mecanismos necesarios para la administración por parte del SENIAT del 50% de las tasas aduaneras, según el Parágrafo Primero del artículo 3º de la Ley Orgánica de Aduanas. Todavía no ha sido promulgado, lo que nos ha inducido a preguntar: ¿Dónde están esos reales y cómo se habrán podido disponer?

Recordamos asimismo nuestra denuncia sobre la inmensa cantidad de recursos jerárquicos de contenido aduanero pendientes de decisión. El transcurso de los años nos permitió hablar de una generalizada denegación de justicia administrativa aduanera. Pues bien, todo sigue igual, salvo que ahora existen mayores grados jerárquicos y, por supuesto, mayores sueldos.

Recordamos además otras situaciones que aún persisten: el cobro ilegal de tasas aduaneras; el nombramiento contra legem de funcionarios no calificados; las adjudicaciones ilícitas de mercancías abandonadas; las aperturas de investigaciones y causas por ilícitos aduaneros llevadas a cabo por funcionarios incompetentes; la impertinencia jurídica del tráfico de perfeccionamiento mediante las admisiones temporales; la ligereza y permisividad en la concentración de funciones como auxiliares aduaneros; la falta de publicación, entre otras cosas, de las notas explicativas de la nomenclatura y de los criterios, notas y estudios del valor aduanero; y recordamos y seguimos recordando…

¿Qué tenemos hoy, en cambio? Pues algunas cosas viejas y otras que no lo son tanto:

- Desplazamiento de los fines protectores por los recaudatorios;

- Abandono de la mentalidad integracionista para abrir paso al autoritarismo;

- Mediocridad disimulada de prepotencia;

- Indolencia de barrigas llenas;

- Propaganda que pretende reemplazar la eficacia;

- Corrupción, enjaezada con poses de indignación;

- Improvisación, consecuencia fatal de la relegación de los capaces;

- Exacerbación del gasto con incolumidad del statu quo.

En fin, días aciagos que no deben enervar nuestro espíritu de lucha, pues, si no estás de acuerdo con lo que está sucediendo, al menos di algo; y si lo estás ¡di algo también! En ambos supuestos el Boletín te brinda la oportunidad. Como lo ha hecho conmigo.


Autor: Marco Antonio Osorio Ch.

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