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Tres
años cumple nuestro Boletín Aduanero. Y digo “nuestro” porque ya no
pertenece únicamente a quien lo concibió y puso a andar, es decir, a
mi amigo y colega (en ese orden) Carlos Asuaje Sequera, sino a todos
los auténticos aduaneros de este país y aun de allende las fronteras
patrias. Porque el Boletín, como una mercancía más, también está
destinado a la circulación interna y a la exportación, sólo que no
obedece a motivaciones comerciales ni se consume o desgasta con su
uso sino que, al contrario, su naturaleza seminal lo destina a echar
raíces, crecer, florecer, anidar y fructificar. Pertenece también el
Boletín a quienes hasta ahora no lo han utilizado para plasmar sus
posiciones y puntos de vista: siempre han estado invitados a hacerlo
sin convencionalismos ni cortapisas ideológicas o políticas. Pero es
preocupante el silencio de tantos y el escaso aporte de muchos.
En estos tres años hemos formulado en el Boletín críticas y
comentarios orientados a la comprensión y el progreso de la realidad
aduanera nacional, tratando de no ser guiados por sentimientos
subalternos ni por intereses personales. Como es natural, no podía
escapar de nuestros análisis lo atinente a la gestión pública
respectiva, dado el enorme potencial que ésta concentra para lograr
un viraje rotundo a lo que sin duda constituye una deficiente
realidad y para colocar los sólidos rieles sobre los cuales podrían
desplazarse numerosos vagones del tren del desarrollo endógeno.
Consterna, sin embargo, verificar que la mayoría de esas críticas y
comentarios hayan caído hasta ahora en el vacío (como lo demuestra
la notoria y contumaz vigencia de los vicios oportunamente
denunciados), aunque de otro lado nos aliente la convicción de haber
cumplido con un deber y nos tranquilice la seguridad de que, al
desvanecerse la sequía, lo sembrado germinará.
Recordamos, por ejemplo, lo referente al Código Orgánico Aduanero:
no obstante haber sido anunciado públicamente por el Código Orgánico
Tributario (artículo 335) desde el año 2001, hasta hoy carecemos de
dicho trascendental instrumento jurídico y, peor aún, ni siquiera se
está trabajando en él, pues las reformas acometidas se han orientado
a una nueva Ley o a una modificación de la Ley Orgánica de Aduanas.
Recordamos también lo concerniente al Reglamento que desde 1998
debió establecer el procedimiento y los mecanismos necesarios para
la administración por parte del SENIAT del 50% de las tasas
aduaneras, según el Parágrafo Primero del artículo 3º de la Ley
Orgánica de Aduanas. Todavía no ha sido promulgado, lo que nos ha
inducido a preguntar: ¿Dónde están esos reales y cómo se habrán
podido disponer?
Recordamos asimismo nuestra denuncia sobre la inmensa cantidad de
recursos jerárquicos de contenido aduanero pendientes de decisión.
El transcurso de los años nos permitió hablar de una generalizada
denegación de justicia administrativa aduanera. Pues bien, todo
sigue igual, salvo que ahora existen mayores grados jerárquicos y,
por supuesto, mayores sueldos.
Recordamos además otras situaciones que aún persisten: el cobro
ilegal de tasas aduaneras; el nombramiento contra legem de
funcionarios no calificados; las adjudicaciones ilícitas de
mercancías abandonadas; las aperturas de investigaciones y causas
por ilícitos aduaneros llevadas a cabo por funcionarios
incompetentes; la impertinencia jurídica del tráfico de
perfeccionamiento mediante las admisiones temporales; la ligereza y
permisividad en la concentración de funciones como auxiliares
aduaneros; la falta de publicación, entre otras cosas, de las notas
explicativas de la nomenclatura y de los criterios, notas y estudios
del valor aduanero; y recordamos y seguimos recordando…
¿Qué tenemos hoy, en cambio? Pues algunas cosas viejas y otras que
no lo son tanto:
- Desplazamiento de los fines protectores por los recaudatorios;
- Abandono de la mentalidad integracionista para abrir paso al
autoritarismo;
- Mediocridad disimulada de prepotencia;
- Indolencia de barrigas llenas;
- Propaganda que pretende reemplazar la eficacia;
- Corrupción, enjaezada con poses de indignación;
- Improvisación, consecuencia fatal de la relegación de los capaces;
- Exacerbación del gasto con incolumidad del statu quo.
En fin, días aciagos que no deben enervar nuestro espíritu de lucha,
pues, si no estás de acuerdo con lo que está sucediendo, al menos di
algo; y si lo estás ¡di algo también! En ambos supuestos el Boletín
te brinda la oportunidad. Como lo ha hecho conmigo.
Autor: Marco Antonio Osorio Ch.
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