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Para: Niño Jesús
De: Un aduanero venezolano
Aún no has
nacido y ya te estoy pidiendo cosas. (Desde que tengo uso de razón hago lo
mismo cada vez que se avecina la Navidad). ¿Será acaso debido a que casi siempre me has complacido? Debo admitir
que a medida que han transcurrido los años ha mermado paulatinamente tu
atención a mis peticiones materiales y egoístas; pero intuyo que tu interés ha
venido creciendo cuando te he solicitado algún beneficio para otros, sobre todo
si este beneficio refería a valores morales, institucionales o espiritua-les. Perdona
pues si, confiado en ese sentimiento, recargo hoy tu abultada carga de
solicitudes con estas que hoy te consigno en la esperanza de que las oigas en
su debido momento, o sea, después de atender las de niños, menesterosos y
desesperanzados, que creo tienen prelación.
He aquí mi
lista:
1.- Coloca en
los corazones de nuestros profesionales y técnicos aduaneros algo de amor hacia
su especialidad, de modo que dejen de considerarla como un medio para la
obtención de riqueza mal habida y la tengan como lo que en realidad es: un fin
que sólo se logrará a través de constante es-fuerzo, autoestima y reciedumbre
moral.
2.- Concede
tino a quienes hacen nombramientos o remociones de cargos técnico-aduaneros
públicos o privados, para que sean seleccionados los más capaces en vez de los
más rapaces y para que sean excluidos los decepcionantes, aunque sean del mismo
entorno.
3.- Otorga
mucha conciencia a nuestra actual dirigencia política, para que pueda percatarse
de que las altas decisiones en materia aduanera son tan importantes para el
desarrollo integral del país y para la felicidad de nuestros conciudadanos, que
no pueden dejarse en manos sectarias y exclusivistas.
4.- Pon
siquiera una pequeña dosis de realismo en la mente de muchos de quienes hoy
conducen nuestra administración aduanera, pues a muy pocos engañan con poses de
engreimiento simu-ladoras de mediocridad subyacente o con ademanes de
indignación que reflejan una inmoralidad inocultable.
5.- Preserva
la capacidad de indignación y la semilla de la crítica constructiva en nuestros
profe-sionales y técnicos frente a aquellas ejecutorias que, en su criterio,
signifiquen atraso y desprestigio para la actividad aduanera del país.
6.- Por
último, Niño Jesús, te pido un poco de humildad para así poder admitir que cada
uno de no-sotros también debe cambiar, bien para reconocer los propios defectos,
bien para aplaudir los méritos ajenos.
Corolario.- Te
decía, Niño Jesús, al principio de esta Carta navideña, que abandonaría las
peticiones egoístas (de las cuales, repito, debes estar sobrecargado) para
concentrarme en el beneficio de otros y, sobre todo, en aspectos de tipo
espiritual, moral e institucional. Nada más falso, pues he llegado a la
conclusión de que al pedirte lo antes anotado, en el fondo también persigo mi
propio bienestar y tranquilidad interior. Se trata otra vez, pues, de la
ancestral y muy cristiana costumbre de pedir para uno mismo. Podré entender
así, si tal fuese el caso, por qué esta misiva no fue atendida por Ti y por qué
no tuvo los resultados que la motivaron. Pero al menos sé que me habrás
escuchado y que más temprano que tarde te compadecerás de todos nosotros.
¡Feliz
advenimiento a esta convulsionada sociedad donde, hecho hombre, podrás de nuevo
corro-borar en carne propia lo que experimentamos los seres vivos de este bendito
planeta!
(Fdo)
Marco Antonio Osorio Ch.
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