Diciembre de 2008 | Boletín #43

Carta al Niño Jesús

Para: Niño Jesús
De: Un aduanero venezolano

Aún no has nacido y ya te estoy pidiendo cosas. (Desde que tengo uso de razón hago lo mismo cada vez que se avecina la Navidad). ¿Será acaso debido a que casi siempre me has complacido? Debo admitir que a medida que han transcurrido los años ha mermado paulatinamente tu atención a mis peticiones materiales y egoístas; pero intuyo que tu interés ha venido creciendo cuando te he solicitado algún beneficio para otros, sobre todo si este beneficio refería a valores morales, institucionales o espiritua-les. Perdona pues si, confiado en ese sentimiento, recargo hoy tu abultada carga de solicitudes con estas que hoy te consigno en la esperanza de que las oigas en su debido momento, o sea, después de atender las de niños, menesterosos y desesperanzados, que creo tienen prelación.

 He aquí mi lista:

1.- Coloca en los corazones de nuestros profesionales y técnicos aduaneros algo de amor hacia su especialidad, de modo que dejen de considerarla como un medio para la obtención de riqueza mal habida y la tengan como lo que en realidad es: un fin que sólo se logrará a través de constante es-fuerzo, autoestima y reciedumbre moral.
2.- Concede tino a quienes hacen nombramientos o remociones de cargos técnico-aduaneros públicos o privados, para que sean seleccionados los más capaces en vez de los más rapaces y para que sean excluidos los decepcionantes, aunque sean del mismo entorno.
3.- Otorga mucha conciencia a nuestra actual dirigencia política, para que pueda percatarse de que las altas decisiones en materia aduanera son tan importantes para el desarrollo integral del país y para la felicidad de nuestros conciudadanos, que no pueden dejarse en manos sectarias y exclusivistas.
4.- Pon siquiera una pequeña dosis de realismo en la mente de muchos de quienes hoy conducen nues
tra administración aduanera, pues a muy pocos engañan con poses de engreimiento simu-ladoras de mediocridad subyacente o con ademanes de indignación que reflejan una inmoralidad inocultable.
5.- Preserva la capacidad de indignación y la semilla de la crítica constructiva en nuestros profe
-sionales y técnicos frente a aquellas ejecutorias que, en su criterio, signifiquen atraso y desprestigio para la actividad aduanera del país.
6.- Por último, Niño Jesús, te pido un poco de humildad para así poder admitir que cada uno de no
-sotros también debe cambiar, bien para reconocer los propios defectos, bien para aplaudir los méritos ajenos.

Corolario.- Te decía, Niño Jesús, al principio de esta Carta navideña, que abandonaría las peticiones egoístas (de las cuales, repito, debes estar sobrecargado) para concentrarme en el beneficio de otros y, sobre todo, en aspectos de tipo espiritual, moral e institucional. Nada más falso, pues he llegado a la conclusión de que al pedirte lo antes anotado, en el fondo también persigo mi propio bienestar y tranquilidad interior. Se trata otra vez, pues, de la ancestral y muy cristiana costumbre de pedir para uno mismo. Podré entender así, si tal fuese el caso, por qué esta misiva no fue atendida por Ti y por qué no tuvo los resultados que la motivaron. Pero al menos sé que me habrás escuchado y que más temprano que tarde te compadecerás de todos nosotros.

¡Feliz advenimiento a esta convulsionada sociedad donde, hecho hombre, podrás de nuevo corro-borar en carne propia lo que experimentamos los seres vivos de este bendito planeta!

(Fdo)
Marco Antonio Osorio Ch.

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