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En esta época del año ciertas personas realizamos una introspección para
reflexionar sobre lo que hemos realizado o dejado de realizar durante el mismo.
Lo propio deberíamos hacer con nuestra Materia Aduanera: aquella que nos ha
brindado tantas alegrías y sinsabores, tantas risas y llantos, tantas ilusiones
y desencantos…
La otrora “PRINCESA” de la recaudación, de la modernización y ejemplo a seguir
en muchas regiones del mundo, en nuestro país hoy se encuentra ahogada en un
mar de corrupción, desidia y burocracia.
Aquellas ideas reflejadas en una ley reformada al efecto, conforme a las cuales
personas con acendrados conocimientos en nuestra área dirigirían y orientarían
las grandes Gerencias y Divisiones del organismo estatal aduanero, en la
realidad han desvariado hacia otra burla flagrante, sin sanción ni consecuencia,
que se observa sin estupor o asombro por configurar “el pan nuestro de cada
día”, quedando sólo en vagas ilusiones muy lejanas de un auténtico mejor
porvenir.
Muchos soñamos en que aquella “princesa” vuelva a recuperar sus ahora
destrozadas alas, que la hacían surcar cielos, suelos y mares brindando un
ejemplo a seguir por muchas otras Administraciones Aduaneras del mundo.
Hoy contemplamos nuestra Área presa de un descomedido afán tributario o
recaudador, ponderada tan solo por metas impuestas a cada una de las aduanas;
cautiva de la naturaleza de los bienes que debe controlar (los cuales brillan
como el oro) y fungiendo como caja chica de los gobiernos (y muchas veces de
los funcionarios) de turno; recluida en un organismo nacido con fines y
principios netamente rentísticos o fiscalistas (y sin ánimos de cambio) que no
configuran la razón de ser de nuestra ciencia.
Esperamos, cual niños inmersos y embelesados en un cuento de hadas, la llegada
de alguien (sin dejar de hacer nosotros el esfuerzo requerido) poseedor del
poder, instrumentos y conocimientos “suficientes”, que restituya a la aduana
venezolana su lozanía y auténtico color.
Todas estas reflexiones nos han hecho recordar una Sonatina muy famosa
en el mundo entero, escrita por un gran maestro de la literatura que hoy en día
me hace pensar, en tono de sorna, si acaso no sería aduanero y venezolano
contemporáneo. Veamos qué nos dijo Rubén Darío:
“La
princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?;
los
suspiros se escapan de su boca de fresa
que
ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La
princesa está pálida en su silla de oro,
está
mudo el teclado de su clave sonoro,
y
en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”
“El
jardín puebla el triunfo de los pavos reales;
parlanchina,
la dueña, dice cosas banales,
y
vestido de rojo piruetea el bufón.
La
princesa no ríe, la princesa no siente;
la
princesa persigue por el cielo de Oriente
la
libélula vaga de una vaga ilusión.”
(omissis)
“¡Ay!,
la pobre princesa de la boca de rosa
quiere
ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener
alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir
al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar
a los lirios con los versos de Mayo,
o
perderse en el viento sobre el trueno del mar.”
(omissis)
“¡Pobrecita
princesa de los ojos azules!,
está
presa en sus oros, está presa en sus tules,
en
la jaula de mármol del palacio real;
el
palacio soberbio que vigilan los guardias,
que
custodian cien negros con sus cien alabardas,
un
lebrel que no duerme y un dragón colosal.”
(omissis)
“-Calla,
calla, princesa- dice el hada madrina-.
En
caballo con alas, hacia acá se encamina,
en
el cinto la espada y en la mano el azor,
el
feliz caballero que te adora sin verte,
y
que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a
encenderte los labios con un beso de amor”
Disculpen
que la mayor parte de este artículo la haya escrito el gran poeta, pero saquen
Uds. sus propias conclusiones. Feliz Navidad.
Autor: Marco Antonio Osorio Uzcátegui
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